LA ÉPOCA MÁS NEGRA

A treinta años del 24 de marzo de 1976 se nos vienen a la mente recuerdos de la época más terrible de la historia de nuestro país.
Cuando María Estela Martínez de Perón era expulsada del poder por las Fuerzas Armadas, pocos se imaginaban lo que sucedería y, de hecho, ya estaba sucediendo durante aquellos años. Muchos creían (y algunos todavía lo piensan) que con la entrada de los militares en el gobierno, la Argentina se estabilizaría y prosperaría. Esa era la imagen que los entonces “gobernantes” querían darle al pueblo para mantenerlo conforme mientras ellos llevaban a cabo los más atroces crímenes.
En esa época, pensar estaba prohibido y hablar penado por la “ley”. Por esta razón, mucha gente debía exiliarse para no ser capturado por expresarse. Así fue como artistas, escritores, periodistas, sacerdotes, trabajadores y toda la gente que no estuviera de acuerdo con el gobierno era perseguida. Los que pudieron se fueron del país a esperar que la violencia cesara. Otros, en cambio, no tuvieron tiempo o posibilidad de irse y fueron secuestrados. Con esos secuestros comenzaba su largo camino hacia la muerte. Mujeres y hombres eran torturados física y psicológicamente para que confesaran el paradero de otras personas de pensamientos “subversivos”. A las mujeres embarazadas, las dejaban parir y cuando los bebés nacían eran entregados “en adopción” (o mejor dicho apropiados), suprimiéndoles así su identidad y haciendo que vivan en el engaño en que todavía hoy más de 400 jóvenes (de 30 años aproximadamente) se encuentran sumidos.
Para encontrar a esos niños nació una organización que hoy llamamos “Abuelas de Plaza de Mayo”. Esta está compuesta por las madres de jóvenes secuestrados en ésa época y que son abuelas de nietos que ni siquiera conocen. De los casi 500 niños nacidos en cautiverio, sólo se han encontrado 82.
Las “desapariciones” han dado lugar a la formación de dos agrupaciones más: “Madres de Plaza de Mayo”, formada por madres de desaparecidos; y la organización “Hijos”, compuesta por hijos de desaparecidos.
Censura
Pero en estos años, no sólo fueron asesinatos los que se cometieron. Como el gobierno manejaba todo, también se atentaba contra la libertad de expresión. La información era manipulada y llegaba tan tergiversada a la gente que no se sabía qué pensar. En lugar de represión se hablaba de una guerra entre militares y subversivos; en la que, por alguna misteriosa razón, nunca ningún militar resultaba herido. Se fomentó la cultura del individualismo y del “no te metás”y hasta se llegó a hacer una quema masiva de libros con todo tipo de textos (desde cuentos infantiles hasta novelas para adultos). A pesar de todo esto alguna información lograba filtrarse. Entonces, los responsables de esta filtración eran castigados severamente. Así, tanto periodistas como directores de diarios fueron asesinados.
Por otro lado numerosos civiles participaron y colaboraron con el gobierno militar, pues su verdadero objetivo era imponer un plan económico que sirviera para concentrar la riqueza para unos pocos, sumir en la pobreza a muchos, destruir a la industria nacional y endeudar a la República Argentina. Muchos se engañaron, era la época llamada de la “plata dulce”, compraban artículos importados no siempre útiles y de dudosa calidad, viajaban a Brasil o Miami y volvían cargados con cosas superfluas o no, pero mientras tanto en nuestro país cada vez más trabajadores quedaban desocupados y en la miseria.
Fútbol y guerra
Para cubrir todos esos crímenes, el gobierno llevó a cabo dos grandes “operativos de distracción”: el mundial de fútbol de 1978 y la guerra de Malvinas de 1982.
Con el mundial, se quería centrar la atención de todos en el fútbol para que nadie se fijara en otras cosas. Así, el gobierno, usó tanto a hinchas como a jugadores y, aprovechándose del genial equipo que poseía la Selección Argentina, quiso dar la impresión a todos los extranjeros que venían a presenciar este evento deportivo que visitaban un país próspero y feliz.
La Guerra de Malvinas fue todavía más engañosa y terrible. Resulta difícil pensar que un país medianamente desarrollado le declare la guerra a una de las potencias del mundo. Pero así fue. Argentina, que no estaba preparada para un conflicto bélico, le quiso presentar batalla a Inglaterra por un territorio al este de la provincia de Santa Cruz, las Islas Malvinas.
Nuestro país no tenía suficientes soldados, es así que fueron enviados miles de jóvenes de 18 años que no poseían casi preparación y ni siquiera los elementos adecuados. Faltaba armamento y los jóvenes soldados no tenían suficiente abrigo y alimento para sobrevivir en esas inóspitas regiones. En el continente de esto no se informaba; ni mucho menos se hablaba de las batallas perdidas y de los soldados muertos. En cambio, si difundían mensajes triunfalistas para que el pueblo se entusiasmase. En las escuelas y por la televisión se organizaron varias colectas en las que niños y adultos juntaban ropa, alimento, abrigo y hasta cartas de aliento para los pequeños soldados que defendían una causa sin razón. Todas estas colectas nunca llegaron a destino. El dinero que la gente enviaba desaparecía y los abrigos y alimentos volvían al comercio o, simplemente, se los tiraba.
Así fue que un territorio que es nuestro por derecho, pertenece hoy a los ingleses.
Nuestro deber ahora es hacer pagar a los responsables de estos desastres y nunca olvidar, en conmemoración a 30.000 almas que ya no están con nosotros y más de 400 personas que aún no saben cuál es su verdadera identidad.
Por Daniela Frencia (9no A)

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